lunes, 31 de octubre de 2022

Plegarias insomnes.

En otro intento de recuperar a esas voces anónimas perdidas en el olvido, y dar crédito a su talento, presento algunos poemas de la poetisa Teresa Gimenez de Basualdo, aparentemente mendocina, cuyo poemario "Plegarias insomnes" de 1994 llegó hasta mi, y no por casualidad, si no por aquello a lo que llamamos "destino" y de esa manera poder contribuir no solo con el ámbito cultural y nuestra rica lengua castellana, sino también en descubrir nuevos poemas y autores desconocidos que no gozan de la visibilidad y popularidad que tal vez merecen y no por eso cometeremos el error de dejarlos pasar por alto y tal vez encontrar algo nuevo y desconocido que nos conmueva tanto o más como alguno de aquellos a quienes se nos ha obligado a memorizar hasta el hartazgo. 


Plegarias en la tarde

Cuando calle la tarde
su dolencia de soles,
iremos tú y yo
en tenaz desafío ...

Con sonrisas y asombro.
Con amor y con lágrimas,
a buscar de éste otoño,
los últimos signos.

Y en orillas lejanas ...
entre sueños de estíos, tu y yo lo hallaremos;
en el tiempo rendido,
dormido entre lienzos,
como un niño perdido.

Como un manso sudario,
hecho de oro y olvido.

Cuando calle la tarde
su dolencia de siglos,
en un último intento;
tus ojos, mis ojos,
tus pasos los míos,
se detendrán
tan sólo un instante,
y allá en el poniente...
¡poderosos incendios
milagro divino! ...

Del último sol
quedaremos cautivos.

Cuando calle la tarde
tu silencio y el mío ...
y esta espera doliente
que fué amor y delirio.

A Fernando: el amor de mis días.




Plegarias al poeta

¿Qué misterio?

¿Qué fuerza oculta
nos instiga a intentar el poema?

Escalar los muros
que otros exploraron.

Indagar más allá
de todo lo previsto.

Y el fuego lento ...

Con que incendiamos
nuestros bosques azules,
nos consume.

Hoy aquí alguien nos pide
que expliquemos el otoño.

Entonces ...
una alfombra mágica
de sueños amarillos,
se instala en la memoria.

Para encontrarnos apenas,
con árboles desnudos,
en lejanas orillas
de hojas extenuadas ...
sobre una sábana
estallando en ocres,
que no volverán a ser oro en la tarde;
y donde el viento,
no perpetuará la música.

De pronto renacemos arañamos,
balbucimos, sospechamos la luz
e intentamos la vida.

La magia se cierne
sobre el ala rota.

De nuevo, mariposas de alturas
nos señalan países pequeños.

Ahora aquí es posible soñar
e interrogamos ...

¿Dónde hallar la armonía perfecta?

Los cauces que conducen al océano.

Y el origen el afán del sol
su inclaudicable permanencia.

Y por último, ésta se demorada
obstinada ambición
por la gramática. Y más aún ...
esta paz redentora
y no haber hallado aún ...
la palabra definitiva.



domingo, 30 de octubre de 2022

Agustina Andrade, poeta entrerriana del Siglo XIX.

En mi búsqueda sobre poetas olvidadas me encontré, sin quererlo, una tarde de enero de éste año con Agustina Andrade, hija de Olegario Víctor Andrade.
Al indagar en su vida mucho no he podido hallar, más que un poemario, y lo que encontré en internet. Por esa razón hube de contactar a uno de sus descendientes y pudo brindarme algunos datos, aparte de un libro sacado por él mismo en compañía de su esposa y que le rinden homenaje a Agustina.
Una vez que dicho libro cayó en mi poder y al poder encontrar algún que otro dato más, me sentí en la necesidad de mantener viva su memoria y de ésta manera hacer valer esa maravillosa tirada de 500 ejemplares hecha por su descendencia en 1998.
En el poemario de 1878 titulado "Lágrimas. Ensayos poéticos" de corte romántico se pueden hallar dedicatorias y especialmente a la naturaleza, razón ésta última que cabe destacar como un compromiso necesario para la comprensión y equilibrio del ser humano con su entorno. Hoy en día, nuestro deber con la naturaleza es mayor y rindo homenaje a Agustina compartiendo sus poemas dedicados al arroyo Yuquerí, en Entre Ríos.
Desafortunadamente no pude encontrar la ubicación donde se localizaba su hogar en Temperley, donde falleció. La búsqueda de más datos todavía continúa.


Al Yuquerí

Tengo una brisa amiga, que en las tardes
viene mi sien a refrescar:
ella me trae mensajes misteriosos
de otro mundo, otro cielo y otra edad.

Yo la siento venir, el rayo tibio
de la muriente luz crepuscular
no es tan dulce, tan lánguido, tan triste,
como esa brisa amiga del hogar.

¿Qué me dice? Mi espíritu se empapa
en efluvios de suave claridad;
y recuerdos, quimeras y esperanzas,
empiezan en mi torno a revolar.

¿Qué me dice? ¡Ah! Me dice de tus ondas,
aquellas claras ondas de cristal;
en que mojé de niña mis cabellos
y contemplé mi sonrosada faz.

Aquellas frescas ondas que sombrean
los sarandís, los molles y el ceibal,
por una niña triste y soñadora,
latiendo el seno de amoroso afán.

Las olas se revuelven enojadas
entre los verdes lazos del juncal:
-¡Ah! Le dicen, la niña de que hablamos,
otros sueños tenía y otro afán.

Y le cuentan las dulces confidencias
de aquellos tiempos de ilusión y paz,
que turbó el huracán de la desgracia,
apagando la lumbre de mi hogar.

Y la brisa, sonriendo, viene a traerme
mensajes de tus ondas de cristal,
perfumes de silvestres campanillas
murmullos de los genios del palmar.




Al mismo

Felíz seré si el eco de mi canto
es llevado a tus playas por el viento;
si el rumor de tus ondas gemidoras
no apaga de mi voz el triste acento.

¡Oh, Yuquerí! Mil veces he soñado
que tranquila jugaba en tus orillas,
y el himno matinal al cielo alzaba
unido al de tus tiernas avecillas.

Era un sueño no más, sueño ligero.
Lejos estoy de ti, mi arroyo amado.
Si canto, es para alivio de mis penas
como canta el zorzal encarcelado.

¡Quizás no te veré! Pero el recuerdo
de tus ondas, tus juncos y palmeras,
a donde vi posarse tantas veces
las bulliciosas aves pasajeras;

El recuerdo del sauce que mojaba
su lánguido ramaje en tu corriente,
y en cuyo viejo tronco se anidaba
al caer la tarde la torcaz doliente.

Ese recuerdo vivirá conmigo,
eternamente a mi existencia atado...
¡Nadie es felíz en esta vida ingrata,
más que una sola vez, arroyo amado!



Invocación

Invocación Invoco al espíritu superior, al yo poeta, al yo escritor, al que todo lo puede y si presto atención él aparece hablando, hablando...